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lunes, 9 de enero de 2012

Derribando la versión argentina de Jesús que ha soltado espíritus de violencia, inseguridad y muerte

Una multitud pasó por el santuario ubicado sobre la ruta nacional 123, en la ciudad de Mercedes, a unos 245 kilómetros al sureste de la capital provincial. Como todos los años, los devotos prendieron velas rojas, llevaron ofrendas, rezaron, expresaron plegarias, cantaron y bailaron chamamé rodeando su tumba. 


 
Cerca de 300 mil personas veneraron este domingo al santo popular "Gauchito" Antonio Gil, en el santuario ubicado sobre la ruta nacional 123, en la ciudad de Mercedes, a unos 245 kilómetros al sureste de la capital provincial.

La Policía provincial desplegó un fuerte operativo de seguridad vial junto a la Dirección de Tránsito de Mercedes y de la capital correntina para evitar accidentes y contratiempos en la celebración a la que llegaron más de 100 mil personas durante este domingo.

Ya desde el viernes comenzaron a arribar al lugar para acampar allí decenas de delegaciones de diversos puntos de la provincia, el país y también de países limítrofes como Uruguay, Paraguay y Brasil.

La tradición popular le adjudica varios "milagros" al gaucho correntino asesinado por la Policía el 8 de enero de 1878 donde actualmente se encuentra la gruta en la que miles de fieles le rinden homenajes y demostraciones de fe todos los años. 

La gente se acercó hasta la tumba del "Gauchito", ubicada en el margen de la ruta nacional 123, a unos 8 kilómetros de la ciudad de Mercedes, en vehículos, caballos y bicicletas en forma cotidiana, pero la afluencia se torna masiva en los aniversarios.

Como todos los años, los devotos prendieron velas rojas, llevaron ofrendas, rezaron, expresaron plegarias, cantaron y bailaron chamamé rodeando la tumba del "Gauchito" asesinado en 1878.

Según el relato popular correntino, Gil fue perseguido desde 1870 por la Policía tras desertar del Ejército Federal en el que había sido reclutado para luchar contra los unitarios de Buenos Aires.

El "Guachito" se manifestaba en contra de la guerras internas entre los pobladores del territorio nacional, relata la historia en boca de sus fieles.

El primer "milagro" que se le atribuye a este santo popular correntino es el de haber "curado" al hijo del soldado que finalmente lo degolló.

"Al volver a tu casa encontrarás a tu hijo muy enfermo, pero si mi sangre llega a Dios, juro que volveré en favores para mi pueblo", le habría dicho Gil al soldado.

Tras haber asesinado a Antonio Gil, el soldado llegó a su casa y encontró a su esposa llorando con su hijo único muy enfermo, narra la historia popular.

Entonces el soldado desertó del ejército, volvió al lugar donde había matado a Gil, enterró el cuerpo y le imploró perdón y sanación para su hijo: tras varios días el joven enfermo se curó.
 

Fuente: 26Noticias

Imágenes de los miles de "víctimas" del gran dragón rojo


NOTA PROFÉTICA Y LLAMADO A LA GUERRA ESPIRITUAL:

"...Creo que hay tres clases de males espirituales: 1) las supersticiones, 2) corrientes espirituales que son opuestas a las enseñanzas de Cristo, donde entraría la brujería y 3) el ocultismo y el esoterismo." 
(Padre Gustavo Jamut en un reportaje sobre las supersticiones en Radio María)

Encontré esta frase de un líder espiritual de la corriente religiosa más poderosa del mundo que ha permitido la existencia de este comercio de la ignorancia. Con ellas me parece muy oportuno arrancar con esta nota profética que persigue en el Espíritu de la Profecía dar testimonio de Jesús (Ap. 19:10). 
No hay duda alguna, a esta altura de los tiempos, que estamos transitando los últimos segundos del reloj profético del Eterno. Por eso, es que vemos a los hombres desesperados correr de aquí para allá buscando respuesta a sus clásicas y milenarias preguntas existenciales. Ante esto, las tinieblas, con un instinto infernal bien activo, presienten que sus días de actividad son ya casi inexistentes. Por ende, apresuran sus dinámicas de artimañas de error, realizando con las mentes de los hombres el negocio que más caro le ha costado al lado de la humanidad que lo practica: la ignorancia. 
Demás es conocido el pasaje del profeta Oseas cito en el capítulo 4 verso 6 que suele elevarse ante este tema: 
 "Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Por cuanto tú has rechazado el conocimiento, yo también te rechazaré para que no seas mi sacerdote. Como has olvidado la ley de tu Dios, Yo también Me olvidaré de tus hijos."
Sin abusar del pasaje y así terminar manoseándolo inconscientemente en una argumentación humana, dejaré que el Espíritu del Eterno que lo inspiró me permita utilizarlo extrayéndolo desde aquel contexto histórico y aplicándolo a esta realidad argentina actual. 
En primer lugar es necesario hacer saber que en su ministerio el profeta Oseas denuncia las injusticias y la corrupción reinante (4:1-2); critica la superficialidad y falsedad del culto (6:4-6; 5:6); condena durísimamente la idolatría que tiene dos vertientes: cultual y política.
La idolatría en su vertiente cultual, en el contexto del profeta, es la adoración a Baal, con sus ritos de fecundidad (4:12b-13; 7:14b; 9:1). La otra vertiente es la política: en esa época muy convulsionada en lo económico y lo social, Israel busca la salvación fuera de Dios, en las alianzas con Egipto y Asiria, las grandes potencias mundiales del momento, que ante Israel aparecen como nuevos dioses capaces de salvar. Israel se va tras ellos olvidando a Yahvé. Para el profeta Oseas es importante trazar los nuevos rumbos de la nación, haciéndoles notar a sus habitantes que con la idolatría contravienen el primer mandamiento de la Torah (Instrucción del Eterno).
Hoy, como profeta del Señor para mi nación primeramente, me es necesario tomar la misma bandera de guerra que el profeta Oseas flameaba en su proclamación: el Amor del Eterno, esperando con paciencia a una nación para que lo busque a Él solamente. 
Argentina está viviendo hoy las consecuencias de las "aguas turbias y contaminadas" de aquellas dos vertientes que llevaron a Israel a los tratos de la Justica Divina.
En lo cultual, urge despertar valientes que se coloquen en la brecha a clamar por misericordia divina sobre todo el territorio nacional. 
Teniendo en cuenta, como siempre enseño, que toda verdad es paralela (como ocurre en lo espiritual así es en lo natural), la sequía que hoy está afectando amplios territorios nacionales es una concreción material de la sequía espiritual que hoy la Argentina tiene a causa de la idolatría que practica. 
Hay muchas tendencias espirituales que van en contra del ser humano aunque digan que favorecen al ser humano. Todas y cada una de ellas pertenecen a las estructuras de iniquidad con la que la serpiente antigua engañara a la humanidad en el Edén. Estas estructuras de pecado, van tomando diferentes matices en las distintas culturas que ellas mismas fundamentan y que se transmiten de generación en generación definiendo regiones y naciones bajo el control de estos principios de error. Con y a partir de ellos, los espíritus humanos van quedando prisioneros de las zonas de cautividad que sus propias almas construyen. Estas prisiones eternas son las que condenan al ser humano a la muerte espiritual, estar separado del Dios Verdadero y de su Propósito Eterno (Romanos 8:29).
Hoy en día, frente a la enfermedad o al sufrimiento, todo ser humano tiene una tendencia a la espiritualidad que sabe debe ser canalizada en la búsqueda de Dios. Lo triste de esta tendencia es que es conducida por paradigmas ajenos a los diseños divinos y entonces los hombres son arrastrados a las prácticas de las abominaciones que el Eterno mismo advierte no deben realizarse (Deuteronomio 18: 10-12). 
Así el ser humano en aflicción empieza a hacer ritos supersticiosos y ahí entra el curandero que te da a beber tal líquido, a hacer tal ritual, el brujo que empieza a diagnosticar que tal persona te ha hecho un daño. De este modo, se comienza a sistematizar estas supersticiones y ritos mágicos y el mismo hombre fabrica una nueva estructura de creencias que le brinda la misma cosmovisión que siempre lo tuvo dormido y esclavo en una matriz de tinieblas. Una vez el hombre está tranquilo en la celda de la matrix del dragón dónde siempre estuvo, solamente que esta vez está sin aquella angustia que le causara la circunstancia negativa. Su mente continuará entonces su sueño eterno de condenación gracias al "milagro" sedativo que el dragón (las serpiente antigua) le ha proporcionado desde la "fe". 
Así continuará la vida del hombre, argentino en este caso, en la idolatría. Aquí, entonces vale la pena aportar que la idolatría es una cosmovisión que pretende regir la vida en base a los dictados de un ser humano o un bien material al que se "diviniza". 
Esto es específicamente lo que el Eterno, nuestro Dios, denuncia por oráculo celestial en boca del profeta Jeremías:

"Todo hombre es torpe, falto de conocimiento; todo orfebre se avergüenza de su ídolo; porque engañosas son sus imágenes fundidas, y no hay aliento en ellas." 
(Jeremías 10:14)
Todo el proceso ha sido acompañado de organizaciones religiosas que darán una palmadita en la espalda de cada ser humano diciéndoles que si les hace bien y lo llevan a pensar en Dios, nada ni nadie puede condenarlos. En la noticia compartida, de acuerdo a la denuncia profética que hoy Jesucristo hace en su Espíritu desde el oráculo de Oseas (4:6), la responsabilidad de todo este mercadeo de fe, es de la iglesias oficial que la Constitución Nacional misma asegura sostener en su artículo 3ro. Esta organización, disfrazada de apostólica, ha conducido por los siglos a millares de millares a las fauces mismas del dragón que ha ocasionado que hoy  halla tantas contrataciones de tinieblas pululando por las casas, calles, ciudades, rutas y diversos rincones del país, materializándose en distintas manifestaciones de la iniquidad: violencia, corrupción, hurtos, homicidios, violaciones, abusos, inseguridad, desconfianza, etc.

 Ante todo esto escribo esta nota con la intención de convocar intercesores que se atrevan a meterse en lo profético y clamen al Eterno y Verdadero Creador por la sanidad de nuestra tierra. La misma debe comenzar por un fuerte sacudimiento sobrenatural que aún moviendo las estructuras naturales despierte al pueblo argentino de un sueño que lleva activo en la región desde tiempos inmemoriales.
Jesucristo el Señor los llama. No endurezcan sus corazones.
Profeta David Nesher

viernes, 18 de noviembre de 2011

La Iglesia Católica Argentina... ¿cómo se sostiene?


Si los bienes de la Iglesia Católica argentina figuraran centralizados, representarían el mayor patrimonio privado del país. Y si los ingresos eclesiásticos tributaran impuestos, la Conferencia Episcopal encabezaría la lista de contribuyentes. La estimación es válida, a pesar de que los numerosos organismos y entidades católicos conforman una intrincada red de propietarios que dificulta una valuación precisa.

En Argentina actúan 5.307 sacerdotes y 10.964 religiosas distribuidos en 5.493 parroquias, iglesias, capillas y santuarios, según informa la Guía Eclesiástica de AICA, edición vigente en marzo de 1990. Esos hombres y mujeres son los que se encargan de administrar los recursos de la Iglesia, de cuidar sus obras de arte y de mantener miles de inmuebles diseminados por todo el país.

Dentro de la estructura jerárquica de la Iglesia Católica cada obispado constituye una unidad autónoma y autárquica. Como verdaderos señores del medioevo, los obispos titulares de las 44 diócesis argentinas gozan de una amplia independencia, incluso respecto a la Santa Sede. También el Papa es uno de ellos, obispo de Roma, aunque "primus ínter pares" en cuestiones de doctrina. Los 44 obispos son los administradores de los bienes eclesiásticos de sus respectivas diócesis. Algunas muy ricas, como las de Buenos Aires y Córdoba. 

El capital de las órdenes religiosas, que se ha multiplicado desde la época de la colonia, está excluido de esa autoridad episcopal. Actualmente, cu Argentina desarrollan actividades 187 congregaciones religiosas, 59 de varones y 120 de mujeres. El poderío económico de algunas de ellas, como la salesiana, supera al de muchas diócesis. En todos los casos, el mayor ingreso deriva de la enseñanza. 

Aunque no aparece formalmente como congregación religiosa, sino como Prelatura, el Opus Dei es la organización católica que más ha crecido en el país en los últimos veinte años. Dirigido al sector socioeconómico más elevado, el discurso de "la obra" conquistó simultáneamente adhesiones y donaciones. Más de cincuenta propiedades, muchas de ellas suntuosas, reflejan el éxito, no exclusivamente religioso, de la propuesta.

Desde la promulgación de la ley Domingorena, en 1958, la Iglesia Católica ha establecido nueve universidades. Dos en la Capital (Universidad Católica Argentina y Universidad del Salvador), y en Córdoba, San Juan, La Plata, Santa Fe, Salta, Santiago del Estero y Tucumán. La paulatina apertura de nuevas facultades significó un correlativo crecimiento de edificios propios. 

Pero si los inmuebles universitarios fueron adquiridos con el producto de la actividad educativa, otras propiedades eclesiásticas tienen origen en donaciones efectuadas por los gobiernos de las últimas décadas. La actual sede de la Conferencia Episcopal, en Suipacha 1032, fue cedida por la llamada Revolución Libertadora al Arzobispado de Buenos Aires para que estableciera la administración de la curia metropolitana. El edificio de la calle Rivadavia había sido incendiado durante el conflicto entre Perón y la Iglesia. Cuando hace algunos años la curia se reinstaló en el antiguo predio, convertido en moderno complejo de oficinas, la mansión de Suipacha 1032 no fue devuelta al Estado.

Riqueza y expropiación
La mayor parte de los bienes de la Iglesia argentina tienen su génesis en la época colonial. En los siglos XVI y XVII la corona española cedió cientos de miles de hectáreas a los obispados y a los conventos que se establecieron en el nuevo mundo. En el siglo XVIII, en cambio, el crecimiento de la fortuna eclesiástica derivó de donaciones y herencias. Hacia 1780, la Iglesia Católica era propietaria del 65% de las tierras de los virreinatos del Perú y Río de la Plata.

Esos bienes provocaron pocas objeciones en una sociedad de sólidas costumbres religiosas. "Para Dios todo es poco", se consolidó como un argumento inapelable. Esta concepción perduró en el tiempo, especialmente dentro del propio clero. En la Pastoral Colectiva del Episcopado, de 1902, el arzobispo de Buenos Aires afirmaba: "En las sociedades bien ordenadas, el lujo es un signo natural de jerarquía social. Contenido en sus razonables límites completa el orden en vez destruirlo. La Iglesia le da una consagración religiosa, haciendo de sus templos espléndidos y de sus radiantes santuarios un reflejo de la belleza de los cielos".

Bernardino Rivadavia, siendo ministro de Gobierno de Martín Rodríguez, produjo un hecho que durante 150 años fue motivo de debates y reclamaciones entre la jerarquía eclesiástica y el gobierno: expropió numerosos inmuebles de la Iglesia "no necesarios para el culto”. Los sucesivos decretos no se limitaron sólo a los bienes, también reglamentaron distintos aspectos de la actividad religiosa, dentro de un proyecto conocido como Reforma Eclesiástica. La iniciativa de Rivadavia conquistó partidarios dentro del propio clero, pero también una airada reacción de los obispos que derivó en la ruptura de relaciones con la Santa Sede. 

La actitud del episcopado de la época no debe sorprender, si se tiene en cuenta la magnitud de los bienes que habían sido confiscados. En el perímetro de la ciudad de Buenos Aires, la decisión de Rivadavia alcanzó, entre otros, a los terrenos circundantes de las actuales Carlos Pellegrini y Corrientes, incluyendo el sitio en donde está emplazado el obelisco; a la manzana de la plaza Roberto Arlt, Esmeralda entre Rivadavia y. Mitre; a la manzana de la basílica de San Francisco, Alsina y Balcarce; a la manzana de la basílica de Santo Domingo, Belgrano y Defensa; a la manzana del Colegio Nacional Buenos Aires, Bolívar y Moreno. En la provincia de Buenos Aires fueron expropiadas las tierras que hoy conforman los partidos de Lujan, Merlo, Avellaneda, San Pedro, Arrecifes, Moreno, Quilmes, Magdalena y Tres de Febrero. El constitucionalista Pedro Frías sostenía, todavía en 1986, que el financiamiento del culto constituía "una compensación por el patrimonio inmobiliario confiscado a la Iglesia por Rivadavia en 1822" (La Nación, 8 de octubre). 

El otro gran argumento histórico que se esgrime para defender la contribución estatal a la religión católica está próximo a cumplir cinco siglos. El Patronato fue una institución jurídico-eclesiástica, otorgada por los papas a los Reyes Católicos de España y heredada por sus sucesores. El pontífice confió a los monarcas españoles la fundación de diócesis, el nombramiento de obispos y el cobro de diezmos en el territorio de las Indias, a cambio de cristianizar y civilizar a los indígenas. El privilegio fue formalizado a través de distintas bulas: ínter Caetera, de 1493, y Eximia Devotionis, de 1501, de Alejandro VI, y Universalis Eclesiae, de 1508, de Julio II. Como contrapartida, el rey debía sustentar al clero y facilitar los viajes de los misioneros. Los privilegios del Patrono fueron transferidos a los gobiernos argentinos y también la obligación de sostener a los miembros de la Iglesia. La institución fue decayendo, hasta que Arturo Frondizi, en 1961, firmó un tratado con la Santa Sede renunciando a la atribución del gobierno argentino de proponer los candidatos a ocupar las vacantes episcopales.

Los aportes del Estado

Para los constituyentes de 1853 la cuestión económica religiosa fue un tema trascendente: en el articuló 2do. de la Constitución Nacional dejaron establecido que "El gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano”. Algunas cartas provinciales reprodujeron esa decisión, incluso en años recientes. En San Luis, el 8 de marzo de 1987, la convención constituyente incorporó el sostenimiento del culto, con los 32 votos del peronismo y la oposición de los 21 representantes de la UCR. Un año más tarde, Catamarca imitó esa actitud. Distinto criterio primó en la asamblea constituyente de Jujuy: por el voto de los convencionales radicales y de tres justicialistas, que votaron en disidencia con su propio bloque, el culto fue excluido del sostenimiento estatal.

En la reunión ordinaria de la Conferencia Episcopal, realizada en noviembre de 1986, se lanzó la sugerencia de renunciar a los montos que el Estado entrega a los obispos, pero no hubo consenso para su consideración. La propuesta fue presentada por el obispo de Posadas, Carmelo Giaquinta, y apoyada por otros purpurados, que la consideraron "un testimonio de humildad y pobreza". La contribución oficial al sostenimiento de la Iglesia Católica se ha mantenido, en los últimos años, entre el 0,04% y el 0,09% del presupuesto nacional; en 1988 representaba aproximadamente 4,2 millones de dólares.

Pero son los fondos que reciben del Estado en concepto de subsidio para sus establecimientos educativos, los que concentran el interés de los obispos. La participación de la Iglesia Católica en la enseñanza surgió como una decisión política elaborada a partir de un análisis de la situación del país a fines del siglo XIX. Desde Roma se incentivó el establecimiento en Argentina de congregaciones religiosas dedicadas a la educación. El propósito era formar una élite católica capacitada para enfrentar a la élite liberal.

En la actualidad, la contribución del Estado a los colegios y universidades católicos representa el mayor ingreso que recibe la Iglesia argentina de fuente oficial. Si bien las partidas no están centralizadas y no puede establecerse el monto preciso, un cómputo de diversas fuentes proporciona estas cifras: para establecimientos primarios y preprimarios, 19,9 millones de dólares; para secundarios y terciarios, 82,3 millones y para las universidades, 11,4 millones. Esto significa un total superior a los 113 millones de dólares, que procede exclusivamente del presupuesto nacional; o sea, sin considerar las asignaciones provinciales y municipales.

Recursos locales e internacionales

Las colectas en los templos constituyen uno de los ingresos tradicionales de la Iglesia Católica, aunque su monto no es significativo. El "diezmo bíblico" no se exige a los fieles, como sucede en algunas iglesias protestantes y sectas electrónicas. Cada obispo confecciona un calendario de colectas, con el fin de determinar qué destino tendrán las recaudaciones que se obtengan en las iglesias de su diócesis los 52 domingos del año. Las ofrendas de un domingo de cada mes, son dedicadas al sostenimiento del Obispado. Las de uno de los domingos de octubre, al mantenimiento de los seminarios diocesanos. Otro domingo del año, simultáneamente con diferentes países, se realiza la colecta para las misiones. En 1987, en Argentina se recaudaron 75.000 dólares para las obras misioneras'; al país le correspondieron 100.000 dólares cuando se operó la redistribución mundial de las contribuciones. La colecta "Más por Menos", destinada a las diócesis más necesitadas, recaudó 370.000 dólares, en 1989. El domingo más cercano al 29 de junio, día de San Pedro, la recaudación de todas las iglesias del mundo es destinada al Vaticano. Un aporte internacional para la Santa Sede, que varía entre 23 y 30 millones de dólares. 

Otro recurso de las parroquias es el cobro de los servicios religiosos, una costumbre que ha motivado permanentes debates y críticas. Las misas, bautismos y casamientos aparecen tarifados con precios más que dispares, relacionados generalmente con el supuesto status de cada iglesia. Casarse en un templo de barrio puede significar una modesta o nula erogación; en cambio, en San Nicolás de Barí o en la aristocrática Parroquia del Socorro (Juncal y Suipacha), implica unos 100 dólares, más las flores. En la intimidad, algunos sacerdotes reconocen que el ser designado párroco de una i-glesia con prestigio social e importantes recaudaciones se considera un ascenso en la carrera eclesiástica y un escalón hacia el obispado.

Los aportes de la clase adinerada han sido fundamentales para el funcionamiento y desarrollo del culto católico. Desde hace algunas décadas, los grandes empresarios de la industria, de ascendencia mayoritariamente italiana, han superado por la magnitud de las donaciones, a la aristocracia vernácula, terrateniente e hispánica. La Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa funciona como un eficaz organismo de recaudación. 

 En los últimos años, distintas fundaciones católicas extranjeras se han constituido en sostén de múltiples programas de instituciones integrantes o vinculadas a la Iglesia argentina. La mayor ayuda proviene de Alemania, a través de Adveniat (con sede central en Essen), Kirche in Not (Koningstein), Misereor (Aachen) y Missio (Munich). También llegan fondos de Italia: Caritas Internacionalis; de Suiza: Fastenopper Der Schweizer Katholiken, y de Estados Unidos: Secretariat for Latín America.

Impuesto para el culto

En setiembre de 1986 los integrantes de la Comisión Justicia y Paz, dependiente de la Conferencia Episcopal Argentina, se reunieron con algunos miembros del Consejo para la Consolidación de la Democracia y les transmitieron la iniciativa de establecer un "impuesto para el culto" y suprimir el actual aporte estatal a la Iglesia.

La propuesta de un gravamen destinado a sostener la religión reconoce antecedentes internacionales. La Iglesia Católica alemana, en cuanto a recursos financieros probablemente la más rica del mundo, recibe por año aproximadamente 5.900 millones de marcos (unos 3.300 millones de dólares) por las contribuciones de 27,5 millones de católicos que pagan el impuesto para el culto, legislado en Alemania. El aporte destinado a las religiones consiste en el 10% de las declaraciones impositivas de particulares y empresas. Por el servicio de recaudación, la Iglesia Católica reconoce al Ministerio de Hacienda alemán alrededor de 100 millones de dólares.

Como consecuencia de los acuerdos firmados en 1979 entre el Vaticano y España, en setiembre de 1987 el gobierno socialista español dispuso un "impuesto religioso facultativo" mediante el cual los contribuyentes pueden destinar el 0,5% del importe de su impuesto sobre la renta al mantenimiento de la Iglesia. Se estima que los ingresos eclesiásticos aumentaron mediante este sistema en casi 100 millones de dólares.

Cuando cabía esperar alguna diferencia por motivos económicos entre la Iglesia y los funcionarios de la pasada administración radica}, el conflicto se produjo con el gobernador justicialista Antonio Cafiero. El 9 de abril de 1988, 300 familias provenientes de zonas inundadas por el río Reconquista ocuparon 40 hectáreas pertenecientes al Arzobispado de Buenos Aires, en los partidos de General Sarmiento y Moreno. La intrusión provocó un notorio malestar en la curia metropolitana, que se tradujo en una inmediata denuncia penal por usurpación ante un juzgado de San Martín. En círculos eclesiásticos se masculló que el gobierno peronista bonaerense favorecía los asentamientos ilegales. El episodio se cerró con la compra de las tierras por la provincia, después de agotadoras negociaciones con el vicario general de la diócesis, obispo Arnaldo Gánale, y sus asesores laicos, que sólo hablaban "en dólares y calculadora en mano".

En lo que se interpretó como una respuesta a esa actitud poco cristiana de la jerarquía, aproximadamente treinta sacerdotes de la arquidiócesis decidieron vender objetos y bienes personales, incluso vasos sagrados recibidos en ocasión de su ordenación sacerdotal. La finalidad fue entregar el 1 de Mayo, día de San José Obrero, el monto de esas ventas al movimiento villero. Los curas hicieron propia una revolucionaria sugerencia que Juan Pablo II había incluido en su encíclica Solicitudo Reí Socialis de febrero de 1988: "Ante casos de necesidad no se puede dar preferencia a superfluos ornamentos eclesiásticos y costosos muebles para la adoración divina. Por el contrario, podría ser obligatorio vender esos elementos para proveer alimento, bebida, ropa y vivienda a quienes carecen de ellos".

Contrastando con la postura del Arzobispado de Buenos Aires, la Iglesia Católica brasileña colocó sus tierras a disposición de la comisión gubernamental para la reforma agraria. Según datos de 1988, las diócesis y órdenes religiosas eran propietarias de 179.299 hectáreas, un 0,38% del área total de los latifundios existentes en el Brasil.

Las picardías de Picchi

Los escándalos públicos provocan espanto a las autoridades eclesiásticas. Especialmente los que involucran al sexo y los económicos. Pueden presumirse los debates internos que habrán precedido a la destitución del obispo de Venado Tuerto, Mario Picchi. El hecho se conoció públicamente el 3 de noviembre de 1988, cuando los entuertos del purpurado habían alcanzado una magnitud inocultable. Picchi estaba involucrado en el caso Manubens Calvet, en defraudaciones con una mesa de dinero y en las liquidaciones del Banco Sidesa y la financiera Garfiña.

Junto con José Luis Cora, hombre de frondoso prontuario y titular del Partido Unión Popular, el obispo respaldó las pretensiones de una supuesta heredera del multimillonario Juan Feliciano Manubens Calvet. La muerte del hacendado, el 5 de marzo de 1981, desató una feroz disputa por su herencia de 150 millones de dólares, entre 33 primos, sobrinos y nietos, y su concubina Margarita Woodhouse. Apenas un mes más tarde apareció una mujer paraguaya, de 29 años, que declaró llamarse Dolores Manubens Calvet, afirmó ser hija natural del millonario y reclamó la fabulosa herencia. Por intermedio de José Luis Cora, la paraguaya recibió el activo apoyo del obispo Picchi. La pretensión hereditaria pasó a la órbita policial, cuando un juez dispuso el procesamiento de la mujer por intento de estafa, al descubrir que su nombre real era Juana Carmen González Cibila de Carrera.

Con la representación del Obispado de Venado Tuerto, el hermano del obispo, Luis Pedro Picchi, y su socio, José Enrique Cardozo, establecieron en Buenos Aires una mesa de dinero que comenzó a operar en el mercado interempresario a mediados de 1984. Como garantía de los depósitos de los inversores se entregaban cheques de la cuenta Nro. 2141/0 "Obispado de Venado Tuerto" del Banco Financiero Argentino. La financiera fue desactivada en julio de 1985, dejando un tendal de víctimas por cientos de miles de dólares. Quienes iniciaron demandas contra el Obispado se encontraron con una desalentadora limitación: los bienes eclesiásticos destinados al culto son inembargables.

En marzo de 1987 se produjo un caso de características similares, que envolvió a la Iglesia colombiana. Se declaró en quiebra la financiera Caja Vocacional, dependiente de la Conferencia Episcopal y dirigida por monseñor Abraham Gitan Mahecha. Los bienes de la Caja no alcanzaron para devolver el 50% de los ahorros a los depositantes.

El 16 de febrero de 1989, un juez federal de Córdoba, Gustavo Becerra Ferrer, prohibió la salida del país de Mario Picchi, procesado por fraude en la causa vinculada con la herencia Manubens Calvet. Pocos meses después, en julio, el papa Juan Pablo II nombró como nuevo obispo de Venado Tuerto a monseñor Paulino Reale y concedió a Picchi el título honorífico de obispo de Tunicia y Numidia, un lugar ya inexistente del norte de África.

Muchas veces, las maniobras económicas ilícitas que involucran a miembros de la Iglesia son favorecidas por esa condición. La exención de impuestos que gozan las entidades católicas en Argentina ha facilitado los comportamientos irregulares. En la city se comenta que en la agenda de los principales asesores impositivos figuran entidades religiosas que, a cambio de un pequeño porcentaje del impuesto evadido, aceptan firmar recibos por donaciones empresarias simuladas. En el marco del operativo Tierra del Fuego de 1988; la DGI investigó al sacerdote salesiano Juan Corti que dirigía algunas entidades católicas dependientes del obispado de Comodoro Rivadavia, y que apareció vinculado a los fraudes con el régimen de promoción, mediante la utilización de esas instituciones religiosas para extender facturas por ventas inexistentes. El juez federal Martín Suárez Araujo procesó a Corti y a su colaborador Nadim Jalef Flores por defraudación al fisco y falsedad de documentos públicos y privados. El magistrado aceptó varios terrenos de propiedad del obispado de Comodoro Rivadavia como caución real para conceder la eximición de prisión al sacerdote.

Pero estas travesuras de algunos miembros de la Iglesia representan sólo anécdotas en el juego de los grandes intereses económicos que preocupan a los cardenales y obispos argentinos. Sus expectativas, en el futuro inmediato, se concentran en los aportes estatales para los establecimientos privados de educación y en el proyecto de impuesto para el culto.

Extraido de: "La Cara Oculta de la Iglesia" de Héctor Ruiz Núñez